Mito azteca del Ahuizote

Mito azteca del Ahuizote

Antes de la llegada de los españoles, al territorio mexicano se le conocía con el nombre de “Mesoamérica”, el cual fue cuna de grandes civilizaciones antiguas entre las que podemos mencionar a los mayas y a los aztecas.

Analicemos uno de los tantos mitos aztecas que existen. El Ahuizote era un animal que supuestamente habitaba las zonas pantanosas de Tenochtitlán. Algunos aseguran que sus dimensiones eran parecidas a las de un perro de gran tamaño o bien un lobo de montaña.

Sin embargo, su piel era espinosa y su pelo más bien parecía el de un oso pardo. La herramienta que dicha creatura utilizaba para casar o atrapar a sus víctimas era su cola. Éste apéndice era tan fuerte que le permitía al Ahuizote tomar con fuerza a sus presas, para luego conducirlas a un lago poco profundo en el que las ahogaba lentamente. Posteriormente, procedía a llevárselas a su escondite en donde las devoraba.

De igual forma, personas que aún conocen historias del pueblo azteca, se atreven a aseverar que fueron los dioses quienes le dieron la facultad al Ahuizote para conducir al paraíso a ciertas personas que en verdad merecían llegar a ese lugar.

Otra cosa que se comenta es que únicamente los sacerdotes eran las personas calificadas para trasladar los cuerpos de los individuos que murieron a manos del Ahuizote.

Una señal inequívoca de que esas personas habían sido asesinadas por la criatura era que los cuerpos no tenían ni ojos, ni dientes.

Entre las virtudes de este ente se puede mencionar que supuestamente tenía la capacidad de imitar el habla de los humanos, con lo que atraía más fácilmente a sus víctimas. Su manera favorita de engañar a las personas, era el de producir un sonido muy semejante al del llanto de los niños, cuando se están ahogando a las orillas de un río.

Uno de sus escondites predilectos era la profundidad de una gruta.