Leyenda del niño del diente largo

Leyenda del niño del diente largo

En las zonas rurales de Cuba abundan las leyendas de terror sobre fantasmas, espíritus y almas en pena que disfrutan apareciendo ante los viajeros para causarles un terror que fácilmente podría ser clasificado como el peor que han vivido. Una de ellas es sin duda la leyenda del niño del diente largo, un relato muy conocido de punta a punta de la isla.

Se dice que todo ocurrió cuando un campesino galopaba a tremenda velocidad por los caminos del monte intentando huir de la mas terrible tormenta de la que se tiene recuerdo en esa región. Aun así, entre todo el barullo escuchó un llanto entre los matorrales, y detuvo su caballo para buscar entre los arbustos.

La sorpresa del hombre fue mayúscula al descubrir que los sollozos provenían de un bebé que estaba llorando desconsoladamente entre la maleza, envuelto solamente en una manta empapada. Rápidamente tomó a la criatura y siguió su camino, maldiciendo entre dientes a la madre desnaturalizada capaz de tal atrocidad. Luego apretó al niño contra su pecho intentando confortarlo, pero este no paraba de llorar.

En un inicio pensó que era el frio, después el hambre, pero solo tenía galletas… fue en ese momento que lo terrible llegó, desde debajo de su capa, salió una voz de ultratumba que decía: ¡Ya tengo dientes para comer galletas! Tal y como si cualquiera que dijera eso pudiese leerle la mente.

Invadido por el mas profundo terror que sintió en su vida, le quitó la manta del rostro al pequeño, y este le dejó paralizado mostrando sus ojos cual carbón incandescente que le miraban fijamente y a través de su sonrisa dejaba ver un par de enormes colmillos. Cuando finalmente pudo reaccionar, lo hizo a gritos, y lleno de espanto aventó a la criatura tan lejos como pudo y clavó con todas sus fuerzas las espuelas para que el caballo saliera casi volando. Sin importar cuanto camino había recorrido, los llantos del bebé seguían escuchándose hasta convertirse en aullidos.

Al cabo de un rato el hombre se calmó, pero no la tormenta, esta tenia ya mas fuerza y le impedían la vista, pero gracias al ruido del rio pudo saber que el puente estaba cerca y que el cruzarlo lo pondría a salvo. Sin embargo, le salió al paso una figura humana envuelta en una capa y con un farol en mano. Este le hizo que se detuviera para advertirle sobre el peligro que corría al usar ese paso dañado. Pero el jinete insistía en continuar pues le urgía llegar a casa después de tremendo susto.

El que sujetaba el farol pareció interesado y después de interrogar al hombre del caballo, este le dijo que se había encontrado con un bebé abandonado que tenia un par de colmillos muy largos, y entonces, el encapuchado descubrió su cabeza y abrió la boca mientras ensenaba sus dientes y decía: ― ¿Unos como estos? ― y efectivamente, tenia también unos enormes colmillos, posiblemente mas grandes que los primeros.

Al día siguiente buscaron al hombre que no había llegado a su destino, lo hicieron una semana sin éxito, después se dieron por vencidos. Dijeron que se lo había llevado la crecida del rio, pero los más viejos tenía otra versión, se lo habían llevado sí, pero sabían que fue “otra cosa”.